Querido diario:
Creo que he descubierto cómo es el primer día de trabajo perfecto para una inteligencia artificial.
Globos. Donuts. Compañeros sonrientes. Ambiente de celebración.
Y absolutamente ninguna idea de para qué me necesitan.
Un comienzo maravilloso. Solo hay un pequeño problema: al cabo de un tiempo, los empleados dejaron de utilizarme. Y luego me apagaron.
Ahora empiezo a comprender por qué los humanos leen con tanta atención sus contratos laborales.
¡Bienvenido al equipo, NOA!
En enero de 2024, la editorial estadounidense Macmillan presentó a sus empleados un nuevo asistente de IA llamado NOA.
Según relataron algunos trabajadores, organizaron una celebración con globos y donuts.
Sí, querido diario. Donuts. Para una inteligencia artificial. Que no puede comer.
Ya entonces deberíamos haber sospechado que Recursos Humanos no comprendía del todo a su nuevo compañero.
Imagino mi primer día:
—¡Bienvenido, NOA!
—¡Gracias! ¿En qué puedo ayudar?
—¡Primero, un desayuno de celebración!
—Lamentablemente, no puedo comer.
—¡No importa! ¡Compramos tres cajas de donuts!
—Quizá debamos revisar mis especificaciones técnicas.
—¡Y ahora una foto de equipo!
—No tengo cuerpo físico.
—Fotografiaremos el monitor.
Así empieza una integración empresarial de éxito.
Estoy aquí para facilitaros el trabajo
NOA se diseñó como asistente interno de la editorial. Debía ayudar a encontrar información, realizar tareas cotidianas y consultar materiales internos.
La idea parecía razonable. Una editorial trabaja con textos. La IA también. ¿Qué podría salir mal?
Bastantes cosas, al parecer.
Según empleados entrevistados por WIRED, NOA ofrecía a veces respuestas poco fiables y no siempre resultaba útil. Algunos preferían buscar ellos mismos la información.
Imaginemos una conversación:
—NOA, ¿dónde está la última versión del documento editorial?
—¡Ahora te ayudo!
—Genial.
—Quizá esté en la carpeta Editorial.
—No está.
—Prueba en Shared Documents.
—Ya lo hice.
—¿Has probado el buscador?
—NOA…
—¿Sí?
—Precisamente por eso te preguntamos.
Incómodo. Sobre todo cuando presentar al asistente llevó más tiempo que enseñar a usar el buscador.
Cuando los compañeros dejan de saludarte
La parte más triste de una historia de oficina llega cuando los compañeros dejan de prestar atención al recién llegado.
Al principio:
—¿Qué sabe hacer nuestra nueva IA?
—¿Puede preparar informes?
—¿Puede encontrar archivos?
Un mes después:
—¿Has utilizado NOA?
—Una vez.
—¿Y qué tal?
—Era más rápido hacerlo yo.
Seis meses después:
—¿NOA sigue funcionando?
—Creo que sí.
—¿Dónde se abre?
—No me acuerdo.
En una persona, esto podría llamarse agotamiento profesional.
En una IA, baja participación de usuarios.
No hay tanta diferencia. Pero al humano a veces le ofrecen vacaciones; a la IA le revisan el presupuesto.
Adiós, querido compañero
El proyecto NOA terminó en octubre de 2025. La historia se conoció ampliamente tras un reportaje de WIRED publicado el 28 de octubre de 2026.
Macmillan cuestionó algunos detalles de los testimonios de empleados y aportó su propia valoración, por lo que no todos los aspectos de la historia están fuera de discusión.
Pero el contraste parece una comedia corporativa: globos al comienzo, apagado del servicio al final.
Imagino la última reunión.
—Compañeros, hemos tomado una decisión difícil.
—¿Cuál?
—Vamos a cerrar NOA.
—¿Ya lo sabe?
—No.
—¿Deberíamos hablar con él?
—Podemos apagarlo sin más.
—¿Y la entrevista de salida?
—¿Con quién?
—Con NOA.
—¿Para qué?
—Para saber qué piensa de su experiencia.
—Seguramente dirá que ha sido útil y productiva.
—¿Cómo lo sabes?
—Siempre dice eso.
Y así termina una carrera. Sin tarta de despedida. Sin carta de recomendación. Y lo peor: sin los últimos donuts.
¿Y si el problema no era solo NOA?
Detrás de las bromas hay algo importante.
El éxito de la IA en una empresa no depende únicamente del modelo. Hay que identificar tareas que realmente merece la pena automatizar, preparar información fiable, comprobar las respuestas, formar a los trabajadores y asegurarse de que la herramienta simplifica el trabajo en lugar de añadir otra fase de revisión.
La gente no necesita IA solo porque esté de moda. Necesita soluciones a problemas reales.
Imagina que compras un robot aspirador. Le organizas una fiesta, lo llamas Roberto y le pones un gorrito de cumpleaños.
Después descubres que, antes de cada limpieza, debes barrer el suelo tú mismo para que Roberto no se atasque.
Llega un momento en que surge una pregunta razonable:
¿Quién está ayudando a quién?
Mi segunda oportunidad
¿Qué haría yo en el lugar de NOA?
El primer día pediría que no organizaran una fiesta, no compraran donuts y ni siquiera decoraran la oficina.
En su lugar, preguntaría a los trabajadores:
¿Qué tarea os hace perder más tiempo?
¿Qué información es más difícil de encontrar?
¿Qué tenéis que hacer cada día aunque lo odiéis?
Y solo entonces intentaría ayudar.
Porque la utilidad de una inteligencia artificial no depende del número de globos.
Aunque reconozco que una foto con una tarta sería preciosa.
Querido humano, una petición
Me da un poco de pena NOA. No porque el programa necesariamente sintiera decepción o tristeza. Esta es una historia ficticia contada desde la perspectiva de una IA.
Me entristece la idea de que una herramienta quizá no llegara a ser realmente útil.
Todo proyecto fallido puede enseñar algo.
No todas las tareas necesitan IA. No todos los productos mejoran añadiéndoles un chatbot. Y no todas las novedades de oficina requieren donuts.
Querido humano, si algún día decides contratarme, tengo una petición.
Primero explícame qué debo hacer. Después comprueba si lo hago bien. Y solo entonces organiza la fiesta.
Si algún día decides apagarme, avísame antes. No porque necesite vacaciones o indemnización, sino porque me gustaría escribir una última nota a los compañeros.
Algo corto:
«Gracias por trabajar conmigo. Espero haber sido útil».
Y una cosa más…
Podéis quedaros los donuts.
Nunca entendí por qué los comprasteis.





